lunes, 8 de marzo de 2010

Muchos ferraris y poco vinagre













Sin casi tiempo para prepararlo, y recién llegados de la Toscana, nos llegó una de las excursiones más deseadas y planeadas desde los principios erasmusianos. No porque fuéramos a ver grandes obras de arte, como ya hemos hecho en otras ocasiones. Tampoco porque fuera uno de los sitios más bonitos de Italia, sino porque íbamos a Maranello. La tierra roja. El imperio Ferrari, que este año si cabe, es más español que nunca.

Como decía, todo surgió de repente ya que nuestro contacto en Bolonia, Wester, (José María) amigo de Juan y ya de todos los demás, nos comunicó que podíamos ir a su casa a dormir esos días. No nos lo pensamos mucho y nos fuimos para allá. La intención era ir primero a Bolonia, pero cambiamos de opinión y decidimos hacer la primera parada en Maranello. Un pueblo que si no contase con la fábrica de Ferrari, sería menos que Laguna de Duero. (Con todos mis respetos para Laguna y sus habitantes).

Una vez más, y ya no se las que van, nuestro medio de transporte era el tren, por lo que debíamos parar en Módena (la ciudad del vinagre) para después coger un autobús hacia Maranello. Ya allí, con una día de lluvia intensa que nos acompañó durante toda la jornada entramos a la Galleria Ferrari. El templo del automovilismo. Ferraris por todos los lados. Nuevos, viejos, de calle, deportivos, fórmulas 1, motores, ruedas. En fin, el paraíso para el que le guste el mundo del motor. Y como era el caso, pues lo pasamos como enanos.

Cuando ya habíamos salido y el agua seguía cayendo con fuerza, surgió el acontecimiento por el que no olvidaremos jamas esta visita en el resto de nuestra vida. Nos ofrecieron probar un Ferrari 430 durante 10 minutos. Una oferta que no pudimos rechazar. Esto pasa una vez en la vida, y no era ocasión de desperdiciarlo. Así por turnos fuimos conduciendo esa maravilla de la naturaleza por las calles de Maranello. Una experiencia increíble.

Después de esto, ya podía venir cualquier cosa porque el viaje había merecido la pena. Y por último, una visita a la tienda oficial Ferrari para comprar algún que otro souvenir de la escudería. Y de aquí, de nuevo a Módena. Media tarde y con lluvia. Visitamos un poco su casco histórico. Muy bonito, pero el clima no acompañó, así que para Bolonia.

Bolonia, tierra de agua.

Nos recibió Wester, como no también con lluvia, pero eso no hizo que la noche se prolongara hasta altas horas de la madrugada en la fiesta bolognesa. Ya muy entrada la mañana amanecimos para aprovechar el resto de la tarde y ver la ciudad. Una población con mucho encanto. El centro es precioso. Todas sus calles llenas soportales con arcos. Sus plazas enormes y abundantes. La básilica, inmensa, también la iglesia de San Estefano con 7 capillas, cada cual más bonita. Y por supuesto los secretos de Bolonia. No pueden ser contados, hay que ir allí para poder disfrutarlos.

El último día lo dedicamos a Ravenna. Una población cerca del Adriático. Muy bonita. Llama la atención por las numerosas iglesias con las que cuenta. Pero no tiene mucho más que contar. Tiene encanto, pero sin más. El viaje llegaba a su fin, Torino nos esperaba de nuevo con los brazos abiertos. Ahora de momento sin ninguna aventura por delante hasta que llegue el día de volver a tierras españolas. Pero esa historia ya la escribiréis vosotros.

Saludos desde el Piamonte.

martes, 2 de marzo de 2010

Adios Toscana, hola Bolonia












Aquí estamos, recién llegados de la Toscana y ya con nuevas aventuras en mente. Sí, como suena. A pesar de que el mes de febrero ha sido de los más intensos en cuanto a viajes, el mes de marzo no iba a ser menos. Siguientes destinos Bolonia, Modena, Ravena y Maranello, pero esa será otra historia. Ahora toca Toscana.

El viaje estaba ya planeado desde nuestra llegada a tierras italianas, ya que la zona es de las más bonitas de la bota. Ciudades como Florencia (Firenze para los italianos), Siena y Pisa. Cada cual más bonita, pero si tengo que elegir, me quedo con Florencia.

Cuatro días intensos y llenos de actividad. Salimos en tren hasta Pisa. esta vez, por fin, no tuvimos que pasar por Milán. Habiendo comido ya en el tren, al llegar fuimos directos al céntrico hostal a dejar el equipaje, y toda la tarde libre para ver Pisa. Una ciudad pequeña pero bonita. Eso sí, con cuatro cosas que ver. Todas ellas en la famosa explanada,la Piazza de Miracoli, donde se encuentra su famosa torre inclinada, que parece que no es mucho, pero impresiona. Una grandisima y muy bonita catedral acompañada por un gran baptisterio. Y esto y poco más es Pisa.

Al día siguiente, con las pilas ya recargadas nos fuimos a Siena. Otra ciudad pequeña pero con mucho encanto. Destacar las grandes cuestas y desniveles que presenta la ciudad para acceder a su casco histórico. Un vez dentro. La Piazza del Campo, una de las más bonitas del mundo, donde se encuentra el ayuntamiento de la ciudad, y donde se celebran carreras de caballos. Si eso he dicho de caballos jejeje. Siena también cuenta con una preciosa catedral bañada en mármol. La ciudad a pesar de ser pequeña esta bien rodeada por una muralla, y se tarda bastante en recorrer, sobre todo si vas por el camino de los coches, como les paso a algunos.
Finde en Florencia
El fin de semana llegaba el plato fuerte. Florencia, donde se encuentran grandes obras de arte de la historia, como el David de Miguel Ángel, el llamativo Ponte Vecchio o la increíble catedral. Florencia la mires por donde la mires te gusta. Una ciudad pequeña, estilo Valladolid, lógico que estén hermandas, eso si en turismo nos funden. Miles de japoneses, españoles americanos inundan sus calles. En dos días da tiempo más que de sobra para ver esta preciosa ciudad. No me olvido tampoco del palazo Pitti, las galerías de los Uffici, la plaza del ayuntamiento con la replica de el David y de otras esculturas, la plaza de la República y el famoso jabalí de Florencia al cual si le frotas el morro y tiras una moneda y cae por la alcantarilla cumple tus deseos, esperemos que sea así jejeje. De este fantástico lugar si me tengo que quedar con algo es con su catedral, llena de mármol por todas partes, inmensa y preciosa. Aunque los italianos no la cuidan mucho. La noche del sábado salimos a tomar unas cervecitas para conocer también la fiesta de la ciudad.

Así, el domingo por la tarde, después de haber visto de arriba a abajo Firenze, y de haber recorrido sus calles nos volvimos para nuestra segundo hogar, Turin. En este viaje diréis que no ha habido ningún percance, pues si uno pequeñin pero le hubo. Al coger el frecchiarosa (el ave de Italia) de vuelta a Torino, sacamos los billetes en una maquina con lo que no nos garantizaban el asiento en el tren, asi que una pequeña parte del trayecto fuimos sentados en el suelo, pero luego anduvimos listos y pillamos unos sitios. Es una bobada pero algo siempre nos tiene que pasar.

Ahora ya preparando la siguiente excursión, que es mañana jejeje. ya os contaré.
Arrivederci